7/11/2013

La tormenta pasajera.

Son las 12'30 de la noche y he salido a la terraza para disfrutar de la atmósfera que una fuerte tormenta que ha durado más de dos horas y que ha venido cargada de relámpagos y truenos ha dejado a su paso por la ciudad.Todavía a lo lejos se puede ver la luz de los relámpagos que se van desplazando hacia Cataluña.
La noche está en silencio ya que debido al agua que ha caído, el bar que está debajo de mi casa ha cerrado más pronto de lo habitual.
Aquí en mi terraza siento una fresca brisa sobre mi piel que me proporciona muchas sensaciones, pero lo que sin duda me ha puesto la piel de gallina hasta el punto de emocionarme, ha sido el olor a humedad y hierba mojada que entra dentro de mi cada vez que respiro.
Me he sentado en una de las sillas y he dejado que los recuerdos y la melancolía se colaran por cada uno de los poros de mi piel. Me he dejado manejar por todo lo que sentía en ese momento a través de cada uno de mis cinco sentidos y además no he querido hacer nada por evitarlo, así como tampoco he querido evitar que algunas lágrimas se deslizaran por mis mejillas, es más, creo que me ha venido bien. Lo necesitaba.
Mientras esto me ocurría, escuchaba la "conversación", algo acalorada por cierto, entre dos grillos y además de que no entendía lo que decían - para complicado el idioma de los grillos- el tono que usaban se metía hasta dentro de mis oídos y ha habido algún que otro momento, que de haber sabido dónde se escondían, hubiera hecho todo lo posible para que se hubieran largado de allí.
El edificio que está frente al mío y aunque está bastante alejado y con árboles entre ambos, todavía mostraba varios pisos con las luces encendidas y desde la silla de mi terraza y protegida por la oscuridad de la noche, me he puesto a pensar en qué tipo de familias vivirían allí enfrente.
Cuando mejor me encontraba disfrutando de las sensaciones que esta noche tormentosa me estaba proporcionando, el pitido del lavavajillas anunciándome que su actuación había terminado, me ha devuelto a la realidad para darme cuenta de que ya era la una de la madrugada.
Me iba a enfadar con ese electrodoméstico por la brusquedad con la que me ha sacado de ese mundo de imaginación que estaba viviendo pero entonces he escuchado el desagradable ruido del camión de la basura entrando por mi calle y me he dado cuenta de que tenía que poner fin a ese momento nostálgico que la tormenta pasada me había proporcionado.
Me voy a la cama convencida de que ha llovido solo porque por la mañana había limpiado los cristales de mi piso.

No hay comentarios: